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A sus 86 años, el empresario mexicano César Pereda, fundador y presidente del Consejo de Grupo PERC, mantiene una claridad que lo ha acompañado toda su vida: “Mi misión en la vida es dar trabajo”. Lo dice convencido, sentado en su oficina, a la que acude religiosamente todos los días. Para él, la responsabilidad social de un empresario comienza con algo tan simple y tan complejo como generar empleos dignos y estables.
Su convicción no es discurso. Durante la pandemia, recuerda con orgullo que no despidió a una sola persona. “Ni a una”, enfatiza. Aunque la decisión implicó un enorme costo financiero, asegura que jamás se arrepentirá: “La responsabilidad social se demuestra en los momentos difíciles”.
Un Doctorado Honoris Causa que reconoce una vida de integridad y trabajo
Recientemente, el Instituto Mexicano de Líderes de Excelencia y el Selecto Claustro Doctoral le otorgaron un Doctorado Honoris Causa, un reconocimiento a su trayectoria marcada por la integridad, el trabajo constante y su aporte a sectores clave como la construcción, la producción energética y el retail de conveniencia.
Pereda —contador público por la UNAM y miembro del IPADE Business School— ha dedicado su vida a construir empresas que hoy emplean a más de tres mil personas. “Una vez me propuse tener mil empleados… y hoy somos tres mil”, recuerda con una sonrisa que mezcla orgullo y gratitud.
De Durango a la capital: una historia de esfuerzo desde la niñez
Nacido en San Juan de Camarones, Durango, Pereda conoce de primera mano lo que significa empezar desde abajo. De niño, trabajó en la tienda de abarrotes de su padre, después de que la familia perdiera su hacienda sin recibir compensación del gobierno de la época. “Ahí empezó todo. Desde los nueve años aprendí lo que significaba el trabajo y descubrí la pasión por los negocios”.
Aunque inicialmente quiso estudiar Medicina —“en mis tiempos sólo existían dos carreras: Medicina y Leyes”—, terminó convirtiéndose en contador. Trabajó en varias empresas antes de tomar una de las decisiones más importantes de su vida: independizarse.
Un imperio construido con disciplina: combustibles, energía y conveniencia
Hace casi 45 años compró su primera gasolinera. Ese fue el inicio de un crecimiento sostenido que hoy se refleja en:
- 50 gasolineras
- Tres distribuidoras de combustibles
- Empresas de gas natural
- Inversiones en generación de energía eléctrica
- Una cadena de tiendas de conveniencia: Asturiano y A la Mano
Sus dos hijos trabajan a su lado, compartiendo la visión y el compromiso con la creación de empleo como eje central de la labor empresarial.
Pasiones personales: viajes, gastronomía y caballos
Pereda se considera un sibarita. Ama viajar y disfrutar de la gastronomía y los vinos. Ha visitado países como China, Japón, Corea, Tailandia, Francia y Estados Unidos, donde asiste a museos y teatros de ópera. Aun así, admite sin titubear que nada le produce mayor satisfacción que el éxito de sus negocios. En París, dice, están los mejores restaurantes del mundo, y regresaría una y otra vez solo para comer.
Su oficina está adornada con una amplia colección de figuras ecuestres, una pista de su pasión por los caballos. Él mismo montaba hasta que un accidente sufrido por su esposa lo llevó a dejar esa afición.
“Jubilarme sería un error”: el trabajo como motor de vida
Cuando se le pregunta por el retiro, responde sin dudar: “Jubilarme sería un error, no sirvo para estar encerrado”. Es el trabajo —la rutina, los retos, la toma de decisiones— lo que lo mantiene con energía, humor y propósito. Pereda encarna una ética laboral que pocas veces se ve con tanta coherencia.
El consejo para los jóvenes: preparación y trabajo duro
¿Qué recomienda a los jóvenes que quieren iniciar en el mundo de los negocios? La respuesta es franca y directa:
“Que se preparen y que trabajen. El trabajo basado en la preparación siempre da resultados. Hoy se requiere más preparación que nunca, porque los jóvenes se enfrentan con la inteligencia artificial. Un país que no fomenta el trabajo está condenado a desaparecer”.
Para Pereda, la preparación académica y la cultura del esfuerzo siguen siendo el camino más seguro hacia el éxito, incluso en una economía transformada por la tecnología.
