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¿Cómo habitar la tierra sin conquistarla? Esa es la pregunta que atraviesa “Vórtices: Habitar la Tierra”, una puesta en escena que entrelaza tres voces, cuerpos y memorias para confrontar las violencias coloniales y estructurales que persisten en el presente.
Entre diálogos, monólogos y sonoridades, la obra se sitúa en un territorio liminal donde lo real y lo ficticio se confunden, invitando al público a reconocer cómo el racismo, la supremacía blanca y la violencia sistémica se han normalizado bajo el disfraz del progreso.
Teatro, palabra y sonido como dispositivos de resistencia
La propuesta escénica apuesta por un lenguaje interdisciplinario que combina el teatro, la palabra y el sonido como herramientas para abrir conversación y activar la memoria colectiva. Con crudeza, pero también con humor negro, la obra coloca el cuerpo como espacio de resistencia, lucidez y posibilidad.
“Vórtices: Habitar la Tierra” nos recuerda que habitar la tierra implica cuestionar las estructuras que históricamente han buscado dominarla. Desde la escena, se genera un cruce de experiencias y perspectivas sobre racismo, clasismo y violencia, ofreciendo al público un espacio sensible para repensar lo social.
Temporada en espacios emblemáticos de la CDMX
La obra se presentará en dos sedes clave para la cultura crítica y alternativa en la Ciudad de México:
Radio UNAM – Sala Julián Carrillo
Todos los jueves de octubre
Dirección: Adolfo Prieto #133, Col. Del Valle, CDMX
Entrada libre, cooperación voluntaria
Teatro del Pueblo
Función especial: 8 de noviembre
Dirección: República de Venezuela #72, Col. Centro Histórico, CDMX
Una experiencia crítica y sensible frente al mundo que habitamos
Con esta temporada, “Vórtices: Habitar la Tierra” se propone no solo como obra de teatro, sino como una experiencia crítica y sensible frente al mundo que habitamos. Su lenguaje escénico interpela al espectador desde lo íntimo y lo colectivo, abriendo preguntas urgentes sobre cómo resistir, recordar y reconstruir.
La obra no ofrece respuestas fáciles, pero sí un espacio para la reflexión profunda, donde el arte se convierte en herramienta de transformación social.
