Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 18 segundos
CADA 17 DE mayo, se celebra el Día Mundial del Reciclaje, que se presta a una conversación que suele centrarse en hábitos individuales como separar residuos, reducir plásticos o reutilizar envases. Pero mientras esa discusión avanza a nivel doméstico, en paralelo se está consolidando un cambio más profundo y estructural, en la economía circular, como base operativa de sectores industriales completos.
La economía global consume alrededor de 100 mil millones de toneladas de recursos al año, de las cuales cerca del 75% proviene de fuentes no renovables. A pesar de décadas de esfuerzos en reciclaje, de acuerdo con Circle Economy Foundation, encabezada por Hilde van Duijn, menos del 7% de los materiales que se utilizan en el mundo regresan al sistema productivo como insumos secundarios. La extracción sigue creciendo más rápido que la capacidad de reutilización.
En este contexto, la economía circular dejó de ser un concepto ambiental para convertirse en una variable económica. Hoy está directamente asociada con la disponibilidad de insumos, la estabilidad de precios y la resiliencia de las cadenas de suministro.
Sectores como el automotriz, la construcción o la electrónica dependen cada vez más de materiales reciclados para sostener su ritmo de producción.
México no está al margen. La integración con Estados Unidos y Canadá ha comenzado a exigir procesos más eficientes en el uso de recursos. En la industria siderúrgica, por ejemplo, más del 93% del acero producido en el país proviene de hornos de arco eléctrico, una tecnología que utiliza chatarra como materia prima principal. Este modelo no solo reduce la presión sobre la minería, también implica una disminución significativa en emisiones de CO₂ frente a rutas tradicionales.
El fenómeno no se limita al acero. En los metales no ferrosos, la circularidad es incluso más evidente. Materiales como el aluminio, el cobre y el zinc pueden reciclarse prácticamente sin perder calidad. En el caso del zinc, se estima que más del 80% del material reciclable logra recuperarse, mientras que cerca del 30% del consumo global ya proviene de fuentes secundarias. Esta capacidad de reintegración permite extender el ciclo de vida de infraestructuras clave y reducir la dependencia de materias primas vírgenes.
La dimensión económica también resulta relevante. Diversos análisis estiman que la economía circular podría generar hasta 4.5 billones de dólares en valor económico global hacia 2030, impulsada por eficiencias en producción, reducción de costos y nuevos modelos de negocio. Para países con vocación manufacturera como México, esto representa una ventana de oportunidad más que un reto ambiental.
Lo que está en juego no es únicamente la gestión de residuos, sino la forma en que se diseña la producción industrial. La circularidad implica repensar desde el origen: materiales, procesos, logística y recuperación. En ese terreno, la industria ya avanza con mayor velocidad que la conversación pública.
México cuenta con capacidades instaladas, acceso a mercados y sectores estratégicos donde la economía circular ya es una práctica cotidiana. La variable crítica será el ritmo de adopción.

ILDEFONSO GUAJARDO, EX secretario de Economía, volvió a advertir solo la tendencia del gobierno a controlar los precios como solución inmediata a presiones externas. En el caso de los combustibles, la medida puede aliviar momentáneamente al consumidor, pero traslada el costo a las finanzas públicas o desordena el mercado. El dilema no es nuevo: subsidiar o dejar que el precio refleje la realidad internacional. Lo que sí cambia es el contexto, con un sector energético cada vez más observado por socios comerciales, las ventajas otorgadas a Pemex y la regulación asimétrica abren un frente adicional más allá del precio. El riesgo no es solo interno, también puede escalar a disputas comerciales.

EL FRENTE NACIONAL para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM), que encabeza Eraclio Rodríguez, piensa llevar su inconformidad a la amenaza de bloquear aeropuertos clave en pleno arranque del Mundial 2026. La advertencia, coloca al AICM, Guadalajara y Monterrey en el centro de un conflicto que nace en el precio del maíz, el reclamo parte de una brecha cada vez mayor entre lo que reciben los productores y el valor de mercado del grano. Pero escalar la protesta a infraestructuras críticas implica trasladar el costo a millones de terceros. La falta de acuerdos tras meses de diálogo refleja un desgaste institucional que agrava la tensión. Con el Mundial como telón de fondo, la protesta adquiere una visibilidad inédita.
LA CAÍDA EN las exportaciones de jitomate solo es recordatorio de cómo un solo producto puede distorsionar tanto el comercio como la inflación en México. Lo que ocurre en Sinaloa termina impactando el bolsillo nacional, amplificado por factores externos como heladas en Estados Unidos o plagas locales. El mercado responde a incentivos claros: si el precio es mejor fuera, el producto se va, el intento de contener el alza mediante controles luce limitado frente a una oferta restringida.
Que el jitomate explique gran parte de la inflación evidencia la fragilidad de algunos equilibrios. También muestra la dependencia de cadenas agrícolas sujetas a riesgos climáticos y sanitarios. Más que un problema coyuntural, es un recordatorio de lo vulnerable que puede ser la base productiva.
LA TECNOLÓGICA MEDALLIA se ha convertido en el eje de una estrategia que llevó a Grupo Posadas a colocarse por encima del promedio global en experiencia del cliente. Más que un indicador aislado, el Net Promoter Score (NPS) alcanzado muestra una apuesta por integrar datos de múltiples puntos de contacto y traducirlos en decisiones operativas inmediatas. La clave no está solo en medir, sino en reaccionar con rapidez ante lo que el huésped expresa en distintos canales, esa visión amplía la tradicional gestión hotelera hacia un modelo más analítico y dinámico. En una industria donde la experiencia define la preferencia, escuchar ya no es suficiente si no se actúa.
