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EN MARZO DE 2025, el gobierno de Claudia Sheinbaum celebró la reintegración de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) como si se tratara de una victoria histórica.
Con discursos cargados de soberanía energética y justicia social, se anunció el fin de las subsidiarias y el regreso a una estructura centralizada.
Pero detrás de esta narrativa triunfalista se esconde una realidad incómoda: la nueva CFE que lidera Emilia Calleja Alor es una empresa que, en muchos de sus segmentos, simplemente no es rentable.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) lo documenta con claridad.
Entre 2021 y 2024, CFE Suministrador de Servicios Básicos perdió 135.41 mil millones de pesos, mientras que CFE Generación IV acumuló pérdidas por 125.72 mil millones.
Incluso en 2024, año clave de la reforma, las subsidiarias de generación cerraron con una pérdida conjunta de 38.8 mil millones de pesos.
¿Es sensato consolidar una estructura que no ha demostrado eficiencia operativa ni sostenibilidad financiera? La respuesta del gobierno parece ser sí, aunque los datos digan lo contrario.
La desaparición de las subsidiarias elimina la posibilidad de evaluar con precisión el desempeño de cada unidad de negocio. Las pérdidas se diluyen, las responsabilidades se difuminan y la transparencia se sacrifica en nombre de la unidad.
La reforma constitucional de los artículos 25, 27 y 28, junto con la nueva Ley de la Empresa Pública del Estado, otorgan a la CFE un poder sin precedentes. Pero ese poder no viene acompañado de una estrategia clara para corregir las ineficiencias.
El IMCO propone medidas concretas: mantener contabilidad segmentada, retirar centrales obsoletas, fomentar proyectos mixtos y priorizar la inversión en transmisión. Sin embargo, estas recomendaciones parecen quedar al margen del discurso oficial.
La reintegración de la CFE no debe ser vista como un acto heroico, sino como una decisión que exige vigilancia ciudadana y rendición de cuentas.
Si el objetivo es ofrecer electricidad al menor precio posible, como dicta la ley, entonces operar en números rojos no puede ser la norma. La eficiencia no es enemiga del servicio público; es su mejor aliada.
México necesita una CFE fuerte, sí, pero también transparente, eficiente y capaz de adaptarse a los retos del siglo XXI. La centralización, sin estrategia, es simplemente una regresión.

Y EN LO que respecta a la otra empresa estatal, pues resulta que Grupo Carso reveló que Pemex le adeuda más de 700 millones de dólares, parte de los cuales ni siquiera han sido reconocidos oficialmente. La situación es reflejo de la petrolera que dirige Víctor Rodríguez, cuya deuda con proveedores supera los 400 mil millones de pesos. A pesar del riesgo, la empresa de Carlos Slim mantiene su interés en nuevos contratos, apostando por esquemas mixtos que garanticen pagos.
LA ESPAÑOLA IBERDROLA avanza en su salida definitiva de México, motivada por la falta de certeza jurídica en el sector eléctrico. Tras vender 13 plantas al gobierno por 6 mil millones de dólares, ahora busca desincorporar otras 15, en su mayoría renovables, por 4 mil 700 millones de dólares. La decisión responde a un entorno regulatorio que prioriza a la CFE y limita la participación privada. La empresa ya contrató a Barclays para gestionar la operación, enfocándose en mercados con mayor estabilidad.

TRAS SIETE AÑOS sin nuevas emisiones en la Bolsa Mexicana de Valores, Fibra Next debutará con una oferta pública cercana a los 10 mil millones de pesos. Este fideicomiso industrial, escindido de Fibra Uno, inicia operaciones con nueve propiedades y busca consolidarse en el sector logístico. La nueva firma será liderada por Raúl Gallegos, ejecutivo con experiencia en Credit Suisse y GE. Su llegada podría marcar un punto de inflexión para el mercado de capitales mexicano.

LA PLANTA DE Michelin en León, Guanajuato, se fortalece con la estrategia “local to local”, trasladando producción desde Canadá para atender clientes en Celaya. Con solo 70% de sus 120 hectáreas en uso, la firma dirigida en México por Faiez Pisal contempla expandirse. La operación destaca por su compromiso ambiental: 98% de energía limpia, 96% menos emisiones de CO2 y llantas con 31% de materiales renovables. La meta es alcanzar el 100% para 2050, consolidando a México como eje clave en su estrategia global.
