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Moderniza IEPS es un intento por corregir una distorsión que atraviesa a toda la industria de bebidas alcohólicas en México. El problema es técnico en apariencia, pero en realidad es económico, el impuesto no está ligado al alcohol que contienen las bebidas, sino al precio con el que se venden.
El IEPS se calcula bajo un esquema ad valorem. En la práctica, esto significa que una bebida más cara paga más impuesto, aunque tenga el mismo o incluso menor contenido alcohólico. La consecuencia es directa: el sistema favorece el volumen y deja en desventaja al valor agregado.
Ese diseño opera dentro de un mercado concentrado. La cerveza representa cerca del 93.9% del volumen total, lo que se traduce en control de distribución, dominio del anaquel y capacidad para fijar condiciones comerciales. En ese escenario, el resto de las categorías enfrenta barreras que no están vinculadas a la preferencia del consumidor, sino a la estructura del mercado.
Distorsiones que impactan la competencia
La propuesta de Moderniza IEPS parte de una lectura concreta: cuando el impuesto se basa en el precio, introduce una distorsión que atraviesa toda la cadena productiva. Los productos con mayor elaboración terminan siendo fiscalmente más castigados que los de producción masiva.
El caso del mezcal es ilustrativo. Su precio incorpora procesos que no se pueden acelerar: maduración del agave, transformación manual, producción a pequeña escala. Esa estructura de costos no se reconoce en el esquema actual; al contrario, se penaliza. El resultado es una menor capacidad para competir frente a bebidas industriales que operan con economías de escala.
¿Quiénes empujan la reforma?
Moderniza IEPS es un frente que agrupa a productores de destilados tradicionales, comunidades ligadas al cultivo de agave, actores del turismo y la gastronomía, así como especialistas en política fiscal y salud pública.
Lo que los articula es un diagnóstico compartido: el modelo vigente genera condiciones desiguales para quienes no forman parte de las estructuras industriales dominantes. Esa diferencia no es marginal. Define quién puede acceder al mercado, en qué condiciones y con qué posibilidades de crecer.
El impacto en desarrollo regional
La discusión también pasa por la forma en que se distribuye el ingreso. Mientras la producción industrial tiende a concentrarlo, las cadenas tradicionales lo dispersan en el territorio.
En el caso del mezcal, el valor no se queda en un solo punto. Involucra cultivo, producción, transporte, comercialización y actividades asociadas como el turismo y la gastronomía. Cada eslabón genera ingresos en contextos donde las alternativas económicas son limitadas.
Cuando estas cadenas pierden participación en el mercado interno, el efecto va más allá de la industria. Se reduce la capacidad de generar ingresos en comunidades rurales y se limita el desarrollo de economías locales.
Una política fiscal desalineada con la salud
El ángulo de salud pública añade otra capa. El problema del consumo nocivo de alcohol está documentado: enfermedades crónicas, accidentes y violencia forman parte del costo.
Sin embargo, el diseño actual del IEPS no distingue entre bebidas de acuerdo con su contenido real de alcohol. Esto limita su eficacia como herramienta preventiva. El impuesto no actúa directamente sobre aquello que genera el riesgo, sino sobre el precio del producto.
Esa desconexión implica que la política fiscal pierde precisión. No genera señales claras al consumidor ni desincentiva de manera efectiva el consumo de mayor riesgo.
La propuesta: cambiar el criterio del impuesto
El planteamiento de Moderniza IEPS es cambiar la base del cálculo hacia un esquema ad quantum. Es decir, que el impuesto se determine en función de los litros de alcohol puro.
Con ese ajuste el impuesto deja de depender del valor comercial y pasa a responder al contenido alcohólico. Esto introduce una carga fiscal más uniforme entre categorías y alinea el diseño con el objetivo sanitario.
Para los impulsores de la iniciativa, el punto central no es sólo recaudatorio. Es corregir una distorsión de origen: que todos los productos contribuyan en función del riesgo que representan, no del precio que tienen.
Competir por valor o competir por volumen
La discusión abre una definición más amplia sobre la dirección del mercado.
El esquema actual empuja hacia la competencia por precio y escala. La propuesta plantea un entorno donde el contenido, la calidad y el proceso tengan mayor peso.
Esa diferencia impacta en:
- la capacidad de innovar
- el desarrollo de productos con identidad
- el posicionamiento de México en mercados internacionales
Cuando el sistema castiga el valor, limita la posibilidad de construir industrias diferenciadas. Cuando lo reconoce, abre espacio para competir en otros términos.
Lo que está en juego
El debate sobre Moderniza IEPS no se agota en la estructura de un impuesto. Define incentivos dentro del mercado y, con ello, las condiciones bajo las que distintos actores pueden operar.
La decisión incide en quién crece, qué modelos productivos se fortalecen y cómo se distribuye el ingreso.
También marca la diferencia entre un mercado que se organiza por volumen y uno que reconoce el valor.
En ese punto, la reforma se convierte en una señal sobre el tipo de industria que México decide construir.
