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DURANTE AÑOS, MÉXICO construyó una reputación como potencia exportadora. Hoy el desafío es lograr que una mayor parte de la riqueza generada por esas exportaciones permanezca en el país. La discusión puede parecer técnica, pero de ella dependerán la calidad del empleo, la llegada de nuevas inversiones y la posición que ocupará México en las cadenas productivas de Norteamérica.
Los datos más recientes de México ¿Cómo Vamos?, que encabeza Sofía Ramírez Aguilar, ofrecen una fotografía reveladora. En 2024, el valor agregado de exportación de la manufactura global alcanzó 44.2%, su nivel más alto desde que existe registro. Es una buena noticia, pero también un recordatorio de que aún hay camino por recorrer. De cada 100 pesos que genera la producción manufacturera vinculada a las exportaciones, 55.8 pesos siguen dependiendo de insumos provenientes del exterior.
No se trata de minimizar el avance. Al contrario. Durante décadas, México fue señalado como una economía ensambladora, altamente dependiente de componentes importados. Hoy la realidad es más favorable. El país participa en procesos industriales cada vez más sofisticados y ha logrado incrementar el valor que aporta a diversos sectores manufactureros. Sin embargo, las exigencias del nuevo entorno económico obligan a pensar más allá de los récords de exportación.
El nearshoring por sí solo no resolverá los desafíos estructurales de la economía mexicana. La llegada de nuevas plantas, centros de manufactura o expansiones industriales representa una oportunidad extraordinaria, pero el beneficio será limitado si las cadenas de proveeduría local no logran integrarse con mayor profundidad.
En este contexto, la industria electrónica merece una atención especial. Mientras el sector automotriz sigue concentrando buena parte del valor agregado generado por las exportaciones mexicanas, el crecimiento observado en computadoras y equipo periférico resulta particularmente relevante. Entre 2018 y 2024, la proporción de valor generado en México dentro de esta actividad pasó de 11.7% a 42.1%, un avance que muestra una mayor complejidad productiva y una capacidad creciente para capturar riqueza en territorio nacional.
Estados Unidos mantiene una estrategia orientada a fortalecer las cadenas regionales de suministro y reducir dependencias con Asia. En ese escenario, México cuenta con ventajas difíciles de ignorar: cercanía geográfica, experiencia manufacturera, un ecosistema industrial consolidado y la plataforma comercial que ofrece el T-MEC.
La pregunta es si el país aprovechará esta ventana para escalar posiciones dentro de la cadena de valor o si se conformará con seguir siendo un receptor de inversiones que generan riqueza principalmente fuera de sus fronteras.
La próxima revisión del T-MEC puede convertirse en una prueba de fuego. Más allá de los aranceles o las reglas de origen, la discusión de fondo estará relacionada con el fortalecimiento de la producción regional. En otras palabras, cómo lograr que Norteamérica produzca más dentro de la región y dependa menos de proveedores externos.
México tiene la posibilidad de desempeñar un papel central en esa estrategia. Pero para hacerlo deberá impulsar proveedores nacionales, fomentar la innovación, desarrollar talento especializado y elevar el contenido local de sus exportaciones.

LA INDUSTRIA HULERA busca subirse al Plan México. La Cámara Nacional de la Industria Hulera, que preside Juan Pablo Ríos y Valles, alista para el 18 y 19 de noviembre la primera Expo Hule con el objetivo de fortalecer la participación de proveedores nacionales y reducir la dependencia de insumos importados. La apuesta es conectar a fabricantes mexicanos con una cadena productiva que hoy sigue recurriendo a proveedores extranjeros en materias primas, maquinaria y tecnología especializada. El sector no es menor: genera más de 80 mil empleos directos y produce más de 700 mil toneladas de llantas al año. La estrategia coincide con el impulso al programa Hecho en México promovido por la Secretaría de Economía. El desafío será elevar la competitividad local. Y convertir a más empresas mexicanas en proveedoras de una industria que mueve miles de millones de pesos cada año.

LA REVISIÓN DEL T-MEC no ha frenado el apetito de las empresas estadounidenses por México. Durante el primer semestre de 2026, la inversión proveniente de Estados Unidos superó los 16 mil 800 millones de dólares y volvió a colocarse como la principal fuente de capital extranjero para el país. Más revelador aún es que casi la mitad de toda la IED captada por México tuvo origen estadounidense. La Secretaría de Economía destaca que el fenómeno refleja la profundidad de las cadenas productivas de América del Norte. Sin embargo, detrás de las cifras del equipo de Marcelo Ebrard hay que poner atención a que la mayor parte de los recursos corresponde a reinversión de utilidades y no a proyectos completamente nuevos. Aun así, manufactura, servicios financieros y logística continúan atrayendo capital.

LA REFORMA PENSIONARIA comienza a mostrar algunos de sus efectos más visibles. Desde la Amafore, que preside Guillermo Zamarripa, destacan que las aportaciones patronales a las cuentas individuales seguirán creciendo hasta 2030, pasando de 5.15% a 13.87% del salario base de cotización, mientras que el porcentaje de trabajadores con acceso a una pensión aumentará de 62% a 94%. El dato no es menor si se considera que más de 70 millones de mexicanos ya cuentan con una Afore y que para la mayoría de las familias representa uno de sus principales patrimonios. La apuesta ahora es que los trabajadores den seguimiento a sus cuentas y aprovechen los beneficios de una reforma que busca mejorar las pensiones futuras sin comprometer la sostenibilidad del sistema.

LA INFLACIÓN VOLVIÓ a recordar que la batalla contra el alza de precios aún no está ganada. Durante la primera quincena de agosto, el indicador repuntó a 3.26%, impulsado principalmente por aumentos en productos de consumo cotidiano como la cebolla, el chile serrano y el huevo. Aunque el dato se mantiene dentro del rango de tolerancia de Banco de México, sigue por encima de su objetivo puntual de 3%. La buena noticia es que la inflación subyacente mostró una ligera desaceleración, lo que sugiere que las presiones de fondo permanecen relativamente contenidas. En este contexto, la decisión de Victoria Rodríguez Ceja y la Junta de Gobierno de mantener la tasa de referencia en 6.5% parece encontrar respaldo.
