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Hablar de dinero con niñas y niños suele aplazarse innecesariamente. Sin embargo, la educación financiera temprana es una herramienta clave para formar hábitos responsables que impactan toda la vida. Así lo plantea José Luis Muñoz Domínguez, Director Ejecutivo de Sustentabilidad y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte, quien subraya que el dinero no debe verse como un tema exclusivo de adultos, sino como parte de la conversación cotidiana en casa.
Si el dinero fuera un videojuego, muchas infancias hoy estarían jugando sin instrucciones. Y cuando eso pasa, los recursos se acaban rápido. Aprender las reglas desde el inicio cambia por completo la experiencia.
El dinero no es un tema prohibido
Uno de los principales errores es tratar el dinero como algo incómodo o inaccesible. Cuando se evita el tema, se crea la idea de que las finanzas son complicadas o negativas. En cambio, hablar con naturalidad —explicando que el dinero proviene del trabajo y que las decisiones de consumo tienen un motivo— ayuda a que niñas y niños comprendan su valor real.
Mostrar por qué se elige un producto y no otro, o explicar que no todo se puede comprar de inmediato, da contexto y seguridad desde edades tempranas.
Del domingo impulsivo a la planeación simple
Para Muñoz Domínguez, el punto de partida está en enseñar a administrar, no en prohibir. El clásico “domingo” puede convertirse en una lección práctica si se explica que el dinero tiene distintos usos: una parte para gastar, otra para ahorrar y otra para metas futuras. Sin discursos largos ni términos técnicos, este ejercicio introduce nociones básicas de presupuesto, autocontrol y planeación.
El mensaje es sencillo: gastar todo hoy es divertido, pero esperar puede traer algo mejor mañana.
Aprender a decidir también es educación financiera
Más allá del ahorro, saber elegir es uno de los aprendizajes más valiosos. Preguntas como si algo es necesario o solo deseable, o si vale la pena comprarlo ahora o después, ayudan a formar pensamiento crítico. Al inicio las respuestas pueden ser impulsivas, pero el hábito de reflexionar es lo que realmente importa.
Con el tiempo, el ahorro deja de verse como una limitación y se entiende como una herramienta para alcanzar objetivos.
El ejemplo sí importa
No hay lección más efectiva que la observación. Cuando niñas y niños ven a los adultos comparar precios, planear compras o evitar gastos impulsivos, replican esas conductas de forma natural. La educación financiera no se enseña solo con palabras, sino con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Pequeñas acciones, como involucrarlos en decisiones cotidianas o reconocer cuando alcanzan una meta, refuerzan el aprendizaje y lo vuelven significativo.
De la alcancía al sistema financiero
Hoy existen opciones que permiten llevar este aprendizaje a un entorno más estructurado. Suma Menores de Banorte es un ejemplo de ello: un producto pensado para que niñas y niños comiencen a organizar su dinero de manera sencilla y segura, con acompañamiento y acceso a herramientas digitales que les ayudan a entender cómo crece su ahorro.
Como señala José Luis Muñoz Domínguez, no se trata de que sepan de finanzas como adultos, sino de que crezcan con una idea clara: el dinero no es un villano, pero tampoco es infinito. Y ese entendimiento, desde la infancia, vale más que cualquier domingo.
