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En política, la narrativa importa tanto como la acción. Y en Veracruz, la narrativa de la gobernadora Rocío Nahle se encuentra bajo escrutinio por su postura ante hechos vinculados a violencia y desapariciones.
El caso reciente del trailero Bulmaro Herrera detonó bloqueos y tensión social. La respuesta de la mandataria —“no voy a contestar, vengo a un evento precioso”— no solo cerró el diálogo, sino que proyectó una imagen de desconexión en un momento de alta sensibilidad pública.
Veracruz y el peso de las cifras
La entidad figura entre las cinco con mayor número de personas desaparecidas en el país. Entre 2018 y mayo de 2024, diferentes registros oficiales y colectivos han señalado una concentración significativa de casos en territorio veracruzano.
A ello se suman episodios como las balaceras registradas en Chicontepec, donde conflictos entre bandas del crimen organizado dejaron en evidencia la fragilidad de la seguridad municipal y cuestionamientos sobre la coordinación estatal.
En este escenario, el silencio institucional no es neutral: impacta la percepción de control y liderazgo.
Antecedentes que configuran un patrón
No es la primera vez que la gobernadora adopta una postura evasiva. En julio pasado, ante cuestionamientos por la muerte de una maestra jubilada y un taxista, respondió con un contundente: “les guste o no murió de un infarto”. Meses después, mostró molestia al ser cuestionada por la no renovación del seguro contra desastres naturales.
La reiteración de respuestas cortantes —“no le voy a contestar eso”— consolida una narrativa de distancia frente a temas sensibles.
Del discurso opositor al ejercicio del poder
En 2016, Nahle calificaba a Veracruz como “un infierno” tras la captura de Joaquín Guzmán Loera y criticaba lo que consideraba un Estado fallido. Hoy, desde el Ejecutivo, enfrenta el mismo fenómeno que antes señalaba.
Gobernar implica asumir costos y responder preguntas incómodas. La exigencia ciudadana no disminuye por el cambio de posición política; al contrario, se intensifica.
Popularidad y gobernabilidad en descenso
Mediciones recientes reflejan una caída sostenida en su nivel de aprobación, cercana al 3.6% anual. Más allá del porcentaje, el dato relevante es el mensaje político: la percepción de falta de empatía erosiona capital político.
En contextos de violencia estructural, la ciudadanía demanda resultados, pero también cercanía y claridad. En Veracruz, el debate ya no gira solo en torno a cifras delictivas, sino a la capacidad de liderazgo en momentos críticos.
