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Lejos de los reflectores sobre inclusión financiera, América Latina está experimentando otra revolución fintech: la WealthTech.
La tecnología de servicios de inversión y administración patrimonial ha crecido de manera importante en la región desde hace unos años, impulsada por la digitalización de los servicios financieros, una mayor penetración de infraestructura tecnológica y menos barreras a los productos financieros —especialmente para los más jóvenes—.
Brasil, México y Colombia, que concentran el 57% de las fintech en América Latina, son también los países donde el WealthTech ha visto un auge. Empresas como Fintual (Chile y México), Trii (Colombia y Flink (México) han sabido aprovechar un nicho clave, más tradicional y “old money”, que aprovecha la incipiente tecnología para generar mejores dividendos.
Estos consumidores forman parte de una tendencia global. Se estima que el tamaño de mercado global de las WealthTech alcance 114,300 millones de dólares (mdd) para 2033, un crecimiento de casi 8x respecto a los 15,270 mdd con los que cerró el año pasado. Este crecimiento está impulsado por el uso de tecnologías como la inteligencia artificial (IA), el aprendizaje automático (ML) y el análisis de big data; así como por el auge de los llamados robo-advisors, plataformas de asesoramiento de inversiones automatizadas.
Posiblemente, uno de los factores más determinantes para el crecimiento de este tipo de empresas ha sido la creación de marcos regulatorios más claros y flexibles, de acuerdo con expertos consultados para esta columna. En México, la actualización de la Ley Fintech en 2023 ha establecido requisitos más estrictos para licencias y manejo de datos, elevando la confianza en el sector. Brasil, Colombia y Chile también han avanzado significativamente con regulaciones específicas y herramientas como sandboxes regulatorios para impulsar la innovación segura.
A esto, se suma una expansión de la inversión de capital de riesgo para fintech en la región.
Se espera que gracias a las crecientes inversiones en empresas de tecnología financiera, las WealthTech también se beneficien. Hoy por hoy, aunque silenciosas y dirigidas a una base de clientes más reducida —aunque para nada desdeñable—, ya están ampliando las opciones de inversión en la región y facilitando a muchos potenciales inversionistas acceder a mejores oportunidades.
Aunque el crecimiento es robusto, se necesita de una mayor coordinación entre mercados y pulir las regulaciones a medida que la tecnología avanza. Sin embargo, el creciente interés de la población en las finanzas digitales y apostar por mercados que ya existían en el sistema financiero, pero no tenían el acceso a los servicios que hasta hace poco eran exclusivos de las grandes fortunas abre la puerta a que más jóvenes tomen las riendas de sus finanzas.
