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México entró a 2026 con un deterioro notable en la cartera vencida, especialmente en los créditos al consumo. Según cifras oficiales, el impago acumulado en financiamientos como tarjetas, préstamos personales y nómina alcanzó 58,618 millones de pesos al cierre de diciembre de 2025, marcando el nivel más alto desde que Banco de México tiene registros y encadenando diez meses consecutivos al alza.
Un mes antes, en noviembre, el saldo vencido ya había roto otra marca al situarse en 55,972 millones de pesos, un incremento anual de 20.9% respecto a 2024, lo que confirmaba una tendencia de deterioro financiero en los hogares mexicanos. Esta escalada ocurre en un contexto donde el PIB avanzó apenas 0.7% en 2025 y las tasas de interés se mantuvieron elevadas, encareciendo el crédito y limitando la capacidad de pago de miles de familias.
La cobranza debe dejar atrás el acoso y profesionalizarse
Frente a este panorama, Alan Ramírez, presidente de la Asociación de Profesionales de Cobranza y Servicios Jurídicos (APCOB) y titular del Grupo Empresarial Coperva, plantea un cambio de era: “cobrar con empatía y tecnología responsable no es solo una mejora operativa; es una ventaja competitiva”.
El líder empresarial insiste en erradicar la percepción histórica de acoso, intimidación y falta de transparencia. “El cobrador no es un agresor, sino un mediador. Las carteras vencidas no son números, son personas con historias, crisis, accidentes o falta de educación financiera”, afirma. Su objetivo es reposicionar la industria como un eslabón fundamental de estabilidad financiera, no como un actor temido o estigmatizado.
Cobranza con empatía: un nuevo modelo operativo basado en preparación
En Coperva, cada agente pasa por un proceso formal de incorporación que incluye comunicación empática, legislación vigente, uso ético de tecnología y estrategias para la resolución de conflictos. Este enfoque elimina la visión tradicional donde el propósito era únicamente “hacer que pague el deudor”. La meta ahora es comprender por qué no ha pagado y qué alternativas pueden construirse en conjunto.
Ramírez explica que esta evolución no solo transformará el trato con el usuario: también redefinirá la relación entre empresas y firmas de cobranza. Subraya que subcontratar una agencia ya no es una decisión operativa, sino un acto profundamente reputacional. “La forma de cobrar refleja los valores de la marca que representas”.
Una industria en transformación: más usuarios financieros, más regulación y más digitalización
La cobranza en México no atraviesa una crisis, sino una transformación estructural. El crecimiento de usuarios bancarizados, el incremento del uso de canales digitales y un marco regulatorio más exigente han ampliado la necesidad de procesos profesionales y éticos.
Paralelamente, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores ha documentado incrementos importantes en segmentos como créditos personales y tarjetas, con alzas anuales que superan el 18% en algunos casos, lo que presiona los modelos de riesgo y obliga a instituciones financieras a reforzar provisiones.
El costo del impago: cuando la morosidad crece, toda la economía se desacelera
Ramírez advierte que el incremento sostenido de la morosidad afecta directamente a empresas, bancos y fintech. Las primeras enfrentan restricciones de flujo de efectivo; los bancos ajustan sus modelos de riesgo; las fintech pierden confianza de inversionistas; y el crédito se vuelve más caro y menos accesible. Esto reduce el consumo, desacelera la economía y limita el dinamismo comercial del país.
La magnitud del fenómeno es clara. Con más de 58 mil millones de pesos en cartera vencida al cierre de 2025 y un continuo deterioro en segmentos clave del financiamiento, la estabilidad financiera enfrenta presiones que no se veían desde hace más de dos décadas.
Un momento histórico para la industria de cobranza
Alan Ramírez concluye que la industria tiene hoy la oportunidad más grande de su historia: consolidarse como un pilar de estabilidad financiera. Para él, el futuro será más humano, más regulado, más tecnológico y más profesional. Las firmas que entiendan esta transición no solo sobrevivirán: liderarán el nuevo estándar de la cobranza moderna.
México está viviendo un punto de inflexión. La cartera vencida no solo exige soluciones técnicas, sino una reinvención ética y operativa de la industria. La cobranza humana y profesional ya no es una opción, sino el elemento clave para sostener a un sistema financiero bajo presión.
