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MIENTRAS EL PAÍS discute aranceles, inversiones, inteligencia artificial y elecciones, una transformación mucho más profunda avanza sin hacer ruido. México está envejeciendo más rápido de lo que su sistema de salud parece capaz de procesar.
La magnitud del cambio es difícil de ignorar. En apenas unos años habrá más mexicanos mayores de 60 años que niños, y para mediados de siglo uno de cada cuatro habitantes pertenecerá a la tercera edad. No es una tendencia estadística para analizar en foros académicos; es una realidad que comenzará a presionar hospitales, presupuestos públicos, sistemas de pensiones y modelos de atención médica.
Dentro de ese escenario aparece una palabra que todavía resulta desconocida para la mayoría de la población: sarcopenia.
Se trata de la pérdida progresiva de masa muscular, fuerza y capacidad física asociada al envejecimiento. Aunque suele percibirse como una consecuencia natural de la edad, sus efectos van mucho más allá. La sarcopenia incrementa el riesgo de caídas, dependencia, hospitalizaciones y deterioro de la calidad de vida, convirtiéndose además en un factor que eleva significativamente los costos de atención médica.
Por ello resulta particularmente relevante la investigación desarrollada por el Instituto Nacional de Geriatría (INGER) y Koltin, que dirige Eduardo O. Reynaga; cuyos hallazgos fueron publicados en la revista científica Geriatrics. El estudio analizó a 556 adultos mayores mexicanos mediante técnicas especializadas para medir composición corporal, fuerza muscular y desempeño físico.
La conclusión desafía varias de las creencias que durante años dominaron el diagnóstico de esta condición.
Tradicionalmente, investigaciones realizadas en países como Japón, Corea del Sur o Estados Unidos sugerían diferencias importantes entre hombres y mujeres respecto al desarrollo de la sarcopenia. Sin embargo, la evidencia obtenida en México apunta a una realidad distinta.
Aunque los hombres presentan niveles superiores de masa muscular y fuerza física, el elemento que realmente determina la severidad del deterioro no es el género, sino la edad.
La diferencia parece menor, pero tiene implicaciones enormes.
Durante décadas, buena parte de los criterios médicos utilizados para evaluar el envejecimiento de los mexicanos fueron diseñados a partir de poblaciones extranjeras. En otras palabras, el país ha estado intentando entender cómo envejecen sus ciudadanos utilizando reglas construidas para cuerpos con características demográficas, genéticas y sociales distintas.
El riesgo es que hay diagnósticos tardíos generan tratamientos tardíos. Y tratamientos tardíos terminan produciendo mayores costos económicos y humanos.
Quizá el dato más revelador es que la investigación identificó casos de sarcopenia desde los 52 años. Además, documentó que cada año se pierde en promedio alrededor de 300 gramos de fuerza de agarre, un deterioro gradual que suele pasar inadvertido hasta que afecta directamente la independencia de las personas.
La discusión de fondo ya no es médica, sino estratégica. México necesita construir sus propios parámetros para entender el envejecimiento de su población. De lo contrario, corre el riesgo de enfrentar la mayor transformación demográfica de su historia tomando decisiones basadas en diagnósticos ajenos.
Porque el verdadero desafío no es que el país envejezca, es llegar a viejo en un sistema que todavía no termina de prepararse para ello.

CON RESULTADOS FINANCIEROS sólidos y el cobre jugando a favor, Grupo México busca extender su presencia ferroviaria más allá de Norteamérica. La compañía de Germán Larrea analiza una inversión relevante en Brasil y mantiene interés en los activos ferroviarios de Argentina, dos mercados clave para el transporte de materias primas. El movimiento no es casual: el negocio ferroviario elevó sus ingresos más de 14% y se ha convertido en una pieza estratégica dentro del grupo. Mientras algunos competidores ajustan operaciones, Larrea parece dispuesto a aprovechar oportunidades de largo plazo. La expansión regional ya no pasa únicamente por la minería; también por controlar las rutas que mueven la carga.

LA ALEMANA DÖHLER Group destinará 60 millones de euros a una nueva planta en Soyaniquilpan, Estado de México, desde donde abastecerá a clientes de América, el Caribe y Asia. La empresa, que en México lleva José Eduardo Aldasoro, especializada en ingredientes para alimentos y bebidas, refuerza así el papel de México como plataforma manufacturera para mercados internacionales. Además de generar 200 empleos, el proyecto confirma que sectores de alto valor agregado siguen encontrando condiciones para crecer en el país. Para la industria alimentaria, el anuncio representa algo más que una expansión: es una apuesta de largo plazo por la capacidad productiva mexicana.

DESPUÉS DE AÑOS en los que la inversión privada y la pública caminaron por carriles separados, la CFE y Cubico Sustainable Investments, que dirigen Emilia Calleja y Osvaldo Rancé, respectivamente; sellaron una alianza para desarrollar proyectos renovables por 578 MW y sistemas de almacenamiento con baterías en distintos estados del país. La asociación contempla inversiones cercanas a mil millones de dólares y contratos de largo plazo por 25 años. Los proyectos, ubicados en Tamaulipas, Nuevo León, Campeche y la Península de Yucatán, buscarán responder al crecimiento de la demanda eléctrica y reforzar la infraestructura energética. Más que un anuncio de generación renovable, el acuerdo refleja una nueva etapa de colaboración entre el Estado y el capital privado en un sector estratégico.

Y YA QUE andamos en temas energéticos, le cuento La apuesta por las energías renovables en Quintana Roo ya no depende únicamente de nuevas plantas de generación. Serfimex Capital anunció un programa de financiamiento por hasta mil millones de pesos para impulsar proyectos solares en la entidad gobernada por Mara Lezama, una de las regiones con mayor potencial de irradiación del país. El objetivo es facilitar que empresas accedan a sistemas fotovoltaicos sin enfrentar grandes desembolsos iniciales. La meta de desarrollar 50 proyectos entre 2026 y 2027 refleja que la conversación energética está cambiando: tan importante como producir electricidad limpia es encontrar mecanismos para financiarla. En estados con creciente demanda eléctrica, el crédito puede convertirse en un motor tan relevante como la tecnología.
