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HAY LECCIONES QUE México parece empeñado en aprender más de una vez. La historia económica reciente está llena de oportunidades desaprovechadas, pero pocas tan evidentes como la que enfrentamos hoy frente a la incertidumbre comercial de Norteamérica.
En diciembre de 1992, el TLCAN fue firmado por el presidente de México, Carlos Salinas de Gortari; el presidente de Estados Unidos, George H. W. Bush; y el primer ministro de Canadá, Brian Mulroney, quienes apostaron por una integración económica que transformaría la región durante las siguientes décadas.
El TLCAN fue vendido como el pasaporte de México a la modernidad económica. Y en muchos aspectos lo fue. Multiplicó exportaciones, atrajo inversiones y convirtió al país en una potencia manufacturera para sectores como el automotriz, el electrónico y el aeroespacial.
Pero también tuvo víctimas.
Mientras las grandes corporaciones se integraban a las cadenas globales de valor, miles de pequeñas y medianas empresas mexicanas quedaron abandonadas a su suerte. No tuvieron financiamiento, acceso a tecnología ni tiempo para adaptarse. De un día para otro compitieron contra productores internacionales con ventajas imposibles de igualar. El resultado fue el cierre silencioso de fábricas familiares de textiles, calzado, juguetes y herramientas que durante décadas sostuvieron comunidades enteras.
La posible redefinición del T-MEC, el regreso de medidas proteccionistas y la creciente presión arancelaria desde Estados Unidos están modificando nuevamente las reglas del juego. La diferencia es que esta vez nadie puede argumentar sorpresa. Las señales llevan años acumulándose.
Lo preocupante es que no existe una estrategia industrial visible. No se observa un esfuerzo serio para sentar en la misma mesa a empresarios, universidades, gobiernos estatales y federación con el objetivo de diseñar una nueva política de producción nacional. Mucho discurso sobre nearshoring, pero poca ejecución para fortalecer a quienes realmente generan empleo: las pequeñas y medianas empresas.
China entendió hace décadas que la riqueza de una nación no depende únicamente de importar y consumir, sino de aprender, producir y perfeccionar. Invirtió en conocimiento, desarrolló capacidades propias y construyó industrias capaces de competir contra cualquiera. México, en cambio, encontró más rentable importar que fabricar.
A la par, enfrentamos una burocracia que frecuentemente desalienta la inversión. Quien intenta abrir una planta o expandir una operación suele dedicar más tiempo a cumplir requisitos que a generar empleos. En otros países se ofrecen incentivos; aquí todavía abundan los obstáculos.
Y mientras discutimos cómo atraer capital, tampoco debemos perder de vista otro factor indispensable: la seguridad. De acuerdo con Alejandro Desfassiux, fundador de Multisistemas de Seguridad, ninguna estrategia de reindustrialización prosperará si las corporaciones de seguridad del gobierno y sus directores no garantizan condiciones de certeza para las empresas. El inversionista evalúa impuestos, infraestructura y talento, pero también mide riesgos. Sin seguridad jurídica y física no hay proyecto que sobreviva.
La ventana de oportunidad sigue abierta, pero se está cerrando rápidamente. La pregunta no es si México puede volver a fabricar y competir. La pregunta es si, una vez más, permitiremos que el cambio nos encuentre sin preparación. Porque cuando un país llega tarde a una transformación económica, el costo termina pagándose en empleo, crecimiento y bienestar. Y esa factura siempre la cubren los mismos mexicanos.
DESPUÉS DE 17 años como integrante del Consejo de Administración de Industrias Peñoles, Juan Francisco Beckmann Vidal presentó su renuncia, poniendo fin a una de las participaciones más duraderas dentro del órgano de gobierno de la minera. La compañía informó del movimiento a la Bolsa Mexicana de Valores y agradeció la contribución del empresario durante casi dos décadas de acompañamiento estratégico. Aunque Peñoles no detalló las razones de la salida ni anunció un relevo inmediato, el cambio ocurre en una de las empresas más relevantes de la minería y metalurgia mexicana. La trayectoria de Beckmann Vidal ha estado estrechamente vinculada al crecimiento de José Cuervo, pero también dejó huella en otros consejos corporativos de gran peso económico.

LA BATALLA CONTRA el fraude financiero ya no se libra únicamente en los sistemas de pago, sino mucho antes de que una transacción ocurra. Por ello, Visa anunció la adquisición de BioCatch, una firma especializada en detección de fraude mediante inteligencia artificial y análisis de comportamiento digital, en una operación valuada en 2 mil 400 millones de dólares. La apuesta busca fortalecer las capacidades de la compañía, que en México dirige Francisco Valdivia, frente a amenazas cada vez más sofisticadas, como el robo de cuentas, las estafas, el lavado de dinero y otros delitos financieros impulsados por nuevas tecnologías.
LA INTEGRACIÓN ENTRE Hogan Lovells y Cadwalader, Wickersham & Taft marca uno de los movimientos más relevantes recientes dentro de la industria legal internacional. La combinación reúne a una de las firmas globales más grandes con el despacho más antiguo de Wall Street, dando origen a una organización con más de 3 mil 200 abogados y 900 socios en 18 países. Para México, la operación amplía el acceso a capacidades especializadas en banca, mercados de capitales, fusiones y adquisiciones, arbitraje internacional y litigios complejos. La nueva estructura busca atender operaciones cada vez más sofisticadas y transfronterizas en un entorno de creciente integración económica. Además, la firma anunció que continuará invirtiendo en herramientas de inteligencia artificial y tecnología legal para fortalecer sus servicios.

LA RELACIÓN ENTRE México y Japón busca entrar en una nueva etapa marcada por la cooperación económica y la seguridad de las cadenas de suministro. Tras una reunión entre el canciller mexicano Roberto Velasco y su homólogo japonés Motegi Toshimitsu, ambos gobiernos acordaron crear un grupo de trabajo para fortalecer el Acuerdo de Asociación Económica bilateral y ampliar la colaboración dentro del TIPAT. Además, anunciaron la realización de un Diálogo Económico de Alto Nivel que incluirá temas como inteligencia artificial, economía digital, agricultura y seguridad económica. Para México, Japón representa un socio estratégico: es su octavo socio comercial, el principal inversionista de Asia-Pacífico y cuenta con más de mil 600 empresas operando en el país. La agenda también contempla cooperación energética y el fortalecimiento de las cadenas industriales que conectan a ambas economías.
