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Los aranceles de Canadá a Estados Unidos marcan un nuevo capítulo en la creciente tensión comercial entre dos de las economías más integradas de América del Norte. El gobierno canadiense anunció la imposición de gravámenes de represalia de entre 15% y 50% sobre diversos productos estadounidenses, una respuesta directa a la decisión de la administración del presidente Donald Trump de aplicar un arancel generalizado del 50% a las importaciones procedentes de Canadá.
Las medidas aprobadas por Ottawa entrarán en vigor el próximo 8 de septiembre, consolidando una confrontación que amenaza con alterar cadenas de suministro, elevar costos para empresas y generar incertidumbre para inversionistas en una región cuyo comercio anual se mide en cientos de miles de millones de dólares.
Más allá de la disputa bilateral, el conflicto adquiere una dimensión estratégica para México, tercer socio del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y pieza clave en la integración productiva norteamericana.
Canadá responde a la ofensiva arancelaria de Trump
La decisión canadiense llega después de que Washington endureciera su postura comercial con la imposición de un arancel del 50% a las exportaciones canadienses, una medida que el gobierno encabezado por el primer ministro Mark Carney calificó como contraria al espíritu de cooperación económica regional.
Los nuevos aranceles canadienses afectarán una amplia variedad de productos estadounidenses. Aunque las autoridades aún deberán precisar el listado completo de bienes involucrados, el mensaje político es claro: Ottawa está dispuesto a responder con la misma intensidad para defender a sus industrias y trabajadores.
La situación revive escenarios similares a los observados durante la primera presidencia de Trump, cuando las disputas sobre acero, aluminio y otros productos derivaron en medidas recíprocas que afectaron el comercio regional.
