Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 24 segundos
MIENTRAS BUENA PARTE del mundo vuelve a sacar la calculadora para medir el impacto de la nueva ofensiva arancelaria de Donald Trump, México encontró un respiro inesperado. No porque haya desaparecido la amenaza proteccionista de Washington, sino porque el T-MEC volvió a demostrar que, más allá de la narrativa política, sigue siendo uno de los activos económicos más valiosos del país.
El más reciente análisis de Global Trade Alert confirma algo que en los círculos empresariales y gubernamentales ya se venía observando, y es que México quedó entre las economías menos afectadas por la reconfiguración arancelaria impulsada por Estados Unidos, vigente desde el pasado 24 de julio.
La Casa Blanca sustituyó el arancel temporal de 10 por ciento aplicado bajo la Sección 122 por un nuevo esquema basado en la Sección 301, dirigido contra 60 economías señaladas por presuntas deficiencias en el combate al trabajo forzoso dentro de sus cadenas de suministro. La medida forma parte de la estrategia comercial de Trump para reforzar la producción estadounidense y aumentar la presión sobre sus socios comerciales.
Sin embargo, el cambio tiene matices importantes, aunque el arancel promedio ponderado de Estados Unidos apenas pasó de 11.0 a 11.2 por ciento, la verdadera transformación está en la diferenciación por países. Es decir, ya no todos reciben el mismo trato. Algunos enfrentan cargas significativamente mayores y otros logran conservar ventajas estratégicas.
México quedó en este segundo grupo, la razón es simple: los bienes que cumplen las reglas de origen del T-MEC continúan excluidos de los nuevos gravámenes. Dicho de otra manera, las empresas mexicanas que han hecho la tarea, que han regionalizado sus cadenas de suministro y que cumplen con los requisitos del tratado, mantienen un acceso preferencial al mercado más grande del mundo.
Global Trade Alert estima que alrededor de 65 por ciento de las importaciones estadounidenses provenientes de las economías sujetas a revisión quedaron fuera del pago adicional. Entre esas excepciones aparecen precisamente las mercancías protegidas por acuerdos comerciales como el T-MEC.
El contraste con otros socios comerciales resulta contundente. China enfrenta ahora una carga arancelaria promedio de 27.2 por ciento, mientras Brasil alcanza 17.7 por ciento. Ambos aparecen entre los grandes perdedores de esta nueva etapa de la guerra comercial estadounidense.
Para México, la noticia representa una ventaja competitiva que podría traducirse en mayores oportunidades de exportación, inversión y relocalización industrial. Pero también implica una responsabilidad.
Porque el blindaje no es automático, la protección depende del cumplimiento estricto de las reglas de origen. Aquellas empresas que operen fuera de los parámetros establecidos por el T-MEC seguirán expuestas a los cambios regulatorios y a la volatilidad política de Washington.
En momentos donde la incertidumbre global vuelve a convertirse en la regla, México tiene una oportunidad que pocos poseen: competir con acceso preferencial mientras otros pagan la factura de la nueva estrategia comercial de Trump. La pregunta es si el país sabrá aprovecharla antes de que la próxima tormenta cambie nuevamente las reglas del juego.

A TRAVÉS DEL Programa de Regularización Fiscal 2026, el SAT ha recuperado cinco mil 969 millones de pesos y otorgado beneficios por cinco mil 739 millones en multas, recargos y gastos de ejecución. Más de 36 mil contribuyentes, entre empresas y personas físicas, ya se han acogido al esquema. El programa de está dirigido a contribuyentes con ingresos menores a 300 millones de pesos y contempla facilidades para resolver adeudos fiscales y aduaneros. Más que una campaña de fiscalización, el equipo de Antonio Martínez Dagnino apuesta por recuperar recursos mediante incentivos que permitan cerrar expedientes pendientes. El dato relevante es que la recaudación no siempre proviene de nuevos impuestos; en ocasiones surge de lograr que los contribuyentes regresen al cumplimiento.

LOS DATOS MÁS recientes de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), que encabeza Julio César Cervantes, muestran un ajuste significativo en la estrategia de inversión de las afores. Al cierre de junio, apenas 6.81% de los recursos administrados estaba colocado en renta variable mexicana, el nivel más bajo de los últimos siete meses. La reducción coincide con un periodo de volatilidad en los mercados y con la cautela que ha generado la revisión del TMEC. Mientras disminuye la exposición a las acciones locales, los administradores del ahorro para el retiro están privilegiando deuda gubernamental, proyectos de infraestructura e inversiones privadas. El movimiento no implica un abandono del mercado bursátil, pero sí refleja una mayor búsqueda de estabilidad. Considerando que las afores administran cerca de 9 billones de pesos, cualquier ajuste en sus portafolios termina enviando señales relevantes al mercado financiero mexicano.
BARILLA MÉXICO Y GRUPO Herdez decidieron volver a apostar por la manufactura nacional con la inauguración de una nueva línea de producción en San Luis Potosí. La expansión responde a un dato contundente: el consumo sigue creciendo y la marca ya coloca alrededor de 10 productos por segundo en el mercado mexicano. Detrás del anuncio también hay una historia empresarial poco común, una alianza entre las familias Barilla y Hernández Pons que acumula más de dos décadas de trabajo conjunto. La nueva infraestructura permitirá aumentar capacidad productiva, generar más empleos y fortalecer a San Luis Potosí como uno de los centros industriales más importantes de la operación.
DESDE MICHIGAN, Y frente a directivos y trabajadores de General Motors, Donald Trump volvió a colocar a México en el centro de su narrativa industrial. El presidente estadounidense aseguró que los aranceles a las importaciones automotrices ya están provocando el regreso de líneas de producción a Estados Unidos y citó casos como Ford, Toyota y Hyundai para respaldar su argumento. Más allá de los anuncios específicos, el mensaje está dirigido a un objetivo mayor: convencer a las empresas de que fabricar dentro de territorio estadounidense será cada vez más atractivo que hacerlo en el extranjero. Las declaraciones llegan en plena revisión del TMEC y cuando México sigue captando inversiones relevantes del sector. La disputa ya no es sólo comercial; también es una competencia por las futuras plantas, empleos y cadenas de suministro de Norteamérica.
