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EN EL SISTEMA financiero mexicano hay actores que, sin hacer demasiado ruido mediático, han terminado por sostener buena parte del crédito productivo del país. Las SOFOMes son, quizá, el mejor ejemplo. Hoy, con una participación de 72.5% dentro de las instituciones financieras no bancarias y una cartera que supera el billón de pesos, su papel ya no es complementario: es estructural.
Pero el tamaño, por sí solo, no garantiza permanencia. Y eso parece haber quedado claro en la llamada Ruta 2026 de la ASOFOM, particularmente en la Región Centro, donde se concentra más de la mitad de la operación de sus asociados. El sector, con dos décadas de evolución a cuestas, ha llegado a un punto en el que seguir creciendo bajo las mismas lógicas podría convertirse en su mayor riesgo.
Lo relevante no es que las SOFOMes estén creciendo, sino que están empezando a cuestionar cómo lo hacen.
Durante años, el modelo se sostuvo en la velocidad de colocación y en la flexibilidad operativa frente a la banca tradicional. Esa ventaja permitió financiar a miles de MiPyMEs que, de otra forma, habrían quedado fuera del sistema. Sin embargo, el entorno ha cambiado: mayor regulación, fondeo más caro, clientes más complejos y una presión tecnológica que no distingue tamaños.
El diagnóstico compartido en la Ruta 2026 apunta en la dirección correcta: el crecimiento ya no puede medirse únicamente en volumen, sino en la calidad del crédito, la fortaleza del gobierno corporativo y la capacidad de anticipar riesgos. En otras palabras, el sector está obligado a profesionalizarse si quiere mantener su relevancia.
En este contexto, la llegada de Alexandro López Cárdenas, fundador y director general de Farefo Financiera, como nuevo presidente de ASOFOM Región Centro, adquiere un significado particular. Su liderazgo no sólo representa un relevo institucional, sino la oportunidad de consolidar esta transición hacia un modelo más sólido, donde la disciplina financiera y la innovación no sean excluyentes.
Aquí es donde el ejercicio colectivo cobra valor. La estandarización de prácticas, el uso intensivo de datos y la incorporación de inteligencia artificial no son aspiraciones futuristas, sino condiciones mínimas para competir en un mercado financiero cada vez más sofisticado. Lo mismo ocurre con la cobranza preventiva: dejar de reaccionar para empezar a prever.
Hay, además, un segundo eje que merece atención: la colaboración. Históricamente, las SOFOMes han operado como entidades aisladas, dependientes de sus propias redes y capacidades. El intento por construir acuerdos sectoriales para mejorar el acceso a fondeo y elevar la transparencia podría marcar una diferencia sustantiva. No sólo frente a reguladores e inversionistas, sino frente a los propios clientes.
En un país donde el acceso al crédito sigue siendo desigual, las SOFOMes tienen una responsabilidad que va más allá de su balance: son un vehículo de inclusión económica. Pero para sostener ese papel, necesitan demostrar que pueden crecer con control, innovar sin perder disciplina y financiar sin deteriorar la confianza.

EL CONSEJO MEXICANO de Negocios, a través del Centro de Competitividad de México (CCMX), lanzó el programa “1% Más” para fortalecer a las MiPyMEs. La iniciativa busca que grandes empresas incrementen sus compras a proveedores nacionales. El objetivo es impulsar su integración a cadenas de valor más amplias. De acuerdo con el CCMX, que dirige Juan Carlos Ostolaza, se busca cerrar brechas de competitividad. Las MiPyMEs representan casi el total de unidades económicas y generan la mayor parte del empleo. El programa incluye capacitación, vinculación y apoyo técnico especializado. También contempla encuentros de negocio y alianzas estratégicas. La estrategia apuesta por detonar crecimiento económico a partir del fortalecimiento del sector.

EL GOBIERNO DE México planea invertir 739 mil millones de pesos en proyectos de generación eléctrica en los próximos cinco años. La estrategia contempla añadir 32 mil megavatios de capacidad hacia 2030. El objetivo es fortalecer la soberanía energética mediante el uso de energías limpias. La mayor parte de la inversión se enfocará en fuentes renovables como solar, eólica y geotérmica. La CFE aportará cerca del 79% de la nueva capacidad, mientras que el sector privado participará con el resto. Entre los proyectos destacan nuevas plantas fotovoltaicas y eólicas en distintas regiones. Según Luz Elena González, secretaria de Energía, el plan busca garantizar el suministro eléctrico ante el crecimiento económico. La estrategia se vincula con el impulso al nearshoring y la demanda futura de energía en el país.

BBVA MÉXICO LANZÓ un nuevo crédito dirigido a pequeñas y medianas empresas por hasta 14 millones de pesos. La iniciativa busca ampliar el acceso al financiamiento para este segmento clave de la economía. El banco prevé colocar más de 1,500 millones de pesos en el primer año. El producto ofrecerá tasas fijas personalizadas según el perfil del cliente. De acuerdo con el banco dirigido por Eduardo Osuna, la digitalización del crédito ya es una realidad para las empresas. Destacó que las pymes son fundamentales al generar gran parte del empleo en el país. La institución también señaló su papel relevante en el financiamiento del Plan México. La estrategia busca impulsar el crecimiento y la formalización del sector empresarial.
GRUPO AEROPORTUARIO DEL Pacífico decidió posponer la colocación de su fibra E como parte de su estrategia financiera. La emisión buscaba captar más de 10 mil millones de pesos para financiar su plan de desarrollo. El instrumento permitiría adquirir participación en sus aeropuertos. La empresa no ha definido una nueva fecha para la operación en Biva. El proyecto forma parte del Plan Maestro de Desarrollo 2025-2029. Este programa contempla inversiones récord en infraestructura aeroportuaria. Entre los destinos prioritarios destacan Guadalajara y Puerto Vallarta. La decisión refleja ajustes en la estrategia de financiamiento de la compañía.
