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Las fintech cumplen un papel fundamental al acercar productos de crédito, inversión y ahorro a personas tradicionalmente excluidas del sistema bancario. Gracias a sus modelos de negocios, que reducen al máximo la fricción y las barreras de acceso para acceder a productos financieros, estas empresas han ganado popularidad entre sectores poblacionales y se han vuelto piezas clave para la inclusión financiera. Eso es innegable.
En los últimos dos años, el sector fintech en México ha mostrado una expansión notable, con más de 1,000 iniciativas activas y más de 70 millones de usuarios a nivel nacional. Según la CNBV, hasta febrero de 2024 se habían autorizado 52 instituciones de fondos de pago electrónico y 24 de financiamiento colectivo, lo que ha permitido cuadruplicar la apertura de cuentas en línea (de 2 % a 9 %) y elevar el uso de apps móviles del 52 % al 69 % entre 2021 y 2024. Además, ha acercado productos a la medida para a grupos tradicionalmente vulnerados, como personas transgénero, mujeres y migrantes.
Pero esta columna no se trata de eso. Hoy no vamos a hablar de inclusión financiera, sino de la otra bandera que cada vez más fintech y empresas de base tecnológica están levantando al interior de sus organizaciones: los principios DEI.
Los principios DEI —Diversidad, Equidad e Inclusión— son la brújula que, idealmente, guía cada programa, política, estrategia y práctica al interior de una empresa, a fin de crear un entorno que respete a cada persona y sus singularidades. Sin cuotas, sin limitaciones y sin letras chiquitas. En palabras de Abril Rodríguez, vicepresidenta del Comité de Diversidad e Inclusión de AmCham, es “que no solo te inviten a la fiesta, sino que también te saquen a bailar”.
Cada vez más fintech, como Klar y Mundi, incorporan estos principios en su día a día. A decir de sus colaboradores, las prácticas alineadas con estos principios han permitido no solo atraer talento más diverso, que evita la ceguera de taller al atender problemas alineados con el negocio; también, han mejorado el ambiente laboral y ha mejorado la retención de talento.
Edith Pavon, PR Director de Klar, asegura que las políticas de la empresa responden a las necesidades de los empleados y que, como madre, se siente respaldada al ver que su jefe también tiene una vida familiar activa. “Te permite conectar a nivel humano”, dice. En la misma línea, considera que los principios DEI han fomentado una mayor diversidad en el talento, que actualmente está cerca de llegar a la paridad.
Por su parte, Carlos Missirian, de Mundi, reconoce que la empresa se ha esforzado por ser un espacio seguro para las personas del colectivo LGBTTI. Parte fundamental de los principios DEI es la creación de políticas específicas contra la discriminación y el acoso, así como la sensibilización sobre las necesidades que tienen distintos grupos.
