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Los nuevos aranceles de Canadá a Estados Unidos entraron en vigor este martes y marcan una nueva escalada en la disputa comercial que mantienen ambas naciones. La medida impulsada por el gobierno del primer ministro Mark Carney afecta productos estadounidenses por un valor cercano a 20 mil millones de dólares, en respuesta a los gravámenes previamente aplicados por Washington contra exportaciones canadienses.
La decisión representa uno de los episodios más tensos en la relación comercial entre dos de las economías más integradas del mundo y ocurre en un momento especialmente sensible para América del Norte, debido a las revisiones periódicas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Un conflicto que ya afecta a sectores estratégicos
Los aranceles canadienses contemplan tasas que oscilan entre 15% y 50% sobre una amplia variedad de productos estadounidenses, desde acero y muebles hasta ropa y equipos electrónicos.
La medida busca responder de manera proporcional a los gravámenes impulsados por la administración del presidente Donald Trump, que alcanzaron a sectores relevantes de la economía canadiense, incluyendo productos lácteos, vino, cemento, mobiliario y equipamiento deportivo.
La disputa comercial ha dejado de ser un conflicto limitado a ciertos sectores industriales para convertirse en un factor que afecta la confianza empresarial y las decisiones de inversión en toda la región.
El T-MEC enfrenta nuevas presiones
Uno de los principales riesgos derivados de esta confrontación es el efecto que puede tener sobre el futuro del T-MEC.
Aunque alrededor del 80% de las exportaciones canadienses hacia Estados Unidos continúa beneficiándose de las protecciones del acuerdo comercial, los nuevos aranceles fueron aplicados utilizando mecanismos legales estadounidenses que dejan fuera algunas de esas garantías.
La situación reabre dudas sobre la estabilidad del marco comercial norteamericano y genera preocupación entre empresas que dependen de cadenas de suministro profundamente integradas entre los tres países.
Para México, la disputa representa un foco de atención especial. La incertidumbre comercial puede retrasar inversiones, afectar proyectos industriales y generar mayor cautela en sectores vinculados al nearshoring y a la manufactura de exportación.
Canadá acusa a Washington de buscar mayor dependencia económica
El gobierno canadiense endureció además su discurso político.
Mark Carney afirmó que durante las negociaciones comerciales recientes, Estados Unidos buscó obtener una capacidad de influencia que iba más allá de los temas comerciales tradicionales.
Según el mandatario, las exigencias planteadas por Washington apuntaban a incrementar la dependencia económica canadiense en lugar de fortalecer una relación equilibrada entre ambos países.
Las declaraciones reflejan el deterioro de una relación que durante décadas fue considerada una de las más sólidas del comercio internacional.
Una economía mucho más pequeña enfrenta a su principal mercado
El reto para Canadá es considerable.
Estados Unidos sigue siendo, por amplio margen, su principal socio comercial. Cerca de 68% de las exportaciones canadienses tienen como destino el mercado estadounidense, lo que significa que cualquier alteración en la relación bilateral tiene consecuencias directas sobre el crecimiento económico, la inversión y el empleo.
A pesar de ello, el gobierno canadiense considera que responder era necesario para evitar que las medidas estadounidenses se consolidaran sin consecuencias.
Diversos analistas coinciden en que Ottawa busca generar suficiente presión para llevar nuevamente a Washington a una mesa de negociación.
Los mercados observan con cautela
La principal preocupación de empresarios y especialistas es que se produzca una espiral de represalias comerciales.
Cada nueva ronda de aranceles incrementa los costos para productores, distribuidores y consumidores, mientras aumenta la incertidumbre sobre las reglas que regirán el comercio regional en los próximos años.
La preocupación es particularmente alta en sectores manufactureros, agrícolas y automotrices, donde las cadenas de suministro cruzan varias veces las fronteras de Norteamérica antes de que un producto llegue al consumidor final.
Por el momento, además, no existen conversaciones activas de alto nivel entre ambos gobiernos, lo que reduce la posibilidad de una solución inmediata.
