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El uso de pantallas en niños es uno de los temas que más preocupa actualmente a padres de familia, educadores y especialistas. Tras años de una creciente digitalización acelerada por la pandemia, cada vez son más frecuentes las preguntas sobre cuándo deben tener acceso los menores a celulares, tabletas, videojuegos y redes sociales.
Para Ximena García, directora de Kent International Academy, el debate no debe centrarse en demonizar la tecnología ni en prohibir completamente los dispositivos digitales. La verdadera discusión, afirma, consiste en encontrar un equilibrio que permita aprovechar las ventajas de la innovación sin comprometer el desarrollo emocional, social y cognitivo de niñas, niños y adolescentes.
Desde su experiencia al frente de una comunidad educativa, García considera que durante varios años tanto familias como instituciones fueron demasiado permisivas con el acceso a las pantallas.
“Hubo un momento de mucha laxidad en cuanto al uso de las tecnologías y la apertura al uso de las tecnologías con los niños”, explica.
Hoy, señala, diversos países están replanteando sus estrategias e incluso impulsando restricciones para proteger a los menores de los efectos negativos asociados con el uso excesivo de dispositivos digitales.
El error de pensar que las pantallas podían educar solas
Uno de los fenómenos que más preocupa a la directora de Kent International Academy es la falsa creencia de que la tecnología podía sustituir parte de la labor de crianza.
Durante años, muchas familias encontraron en los dispositivos electrónicos una herramienta para entretener a los hijos mientras atendían otras responsabilidades.
Sin embargo, los efectos comenzaron a hacerse visibles.
“Los papás encontraron una nana perfecta, pero no sabemos si después resulte ser la nana más cara de nuestra historia”, afirma.
Para García, la diferencia con generaciones anteriores es evidente. Mientras que la televisión funcionaba bajo horarios y contenidos limitados, internet ofrece acceso permanente a millones de estímulos diseñados para captar la atención.
La consecuencia es que muchos niños reciben cantidades de información para las que su cerebro simplemente no está preparado.
¿Las pantallas provocan problemas de atención?
La directora considera que existe una relación directa entre la exposición temprana y excesiva a dispositivos digitales y los problemas de atención observados actualmente en muchos menores.
“La mente no está lista para recibir esta cantidad de estímulos”, advierte.
Además, explica que muchas aplicaciones están diseñadas para generar recompensas inmediatas a través de mecanismos similares a los utilizados en procesos de adicción.
Las redes sociales, videojuegos y plataformas digitales ofrecen estímulos constantes que producen satisfacción instantánea y dificultan el desarrollo de habilidades fundamentales como la paciencia, el autocontrol y la tolerancia a la frustración.
“Todo está súper bien diseñado para atrapar a los niños y también a los adultos”, señala.
La regla 3, 6, 9 y 12 para introducir la tecnología de forma gradual
Uno de los modelos que más respalda Ximena García es la propuesta desarrollada por especialistas europeos para regular el acceso a la tecnología según la edad.
Este esquema plantea una incorporación progresiva de los dispositivos digitales.
Antes de los 3 años: cero pantallas
La recomendación es evitar completamente cualquier exposición a pantallas.
Durante esta etapa, los niños necesitan explorar el mundo a través de experiencias reales.
“Necesitan aprender acerca del mundo tocando, escuchando y oliendo”, explica.
Hasta los 6 años: sin videojuegos ni tabletas recreativas
Aunque algunas herramientas educativas pueden utilizarse bajo supervisión, la sugerencia general es evitar videojuegos y aplicaciones de entretenimiento.
La razón es que los menores todavía están desarrollando capacidades esenciales relacionadas con la atención, la creatividad y la regulación emocional.
Hasta los 9 años: internet limitado y acompañado
Los niños pueden comenzar a interactuar con contenidos digitales, pero siempre bajo la supervisión de un adulto.
El acompañamiento familiar resulta indispensable para desarrollar pensamiento crítico y hábitos saludables.
Hasta los 12 años: sin redes sociales ni celulares propios
Para García, esta es una de las recomendaciones más importantes.
Las redes sociales exponen a los menores a riesgos para los que todavía no cuentan con la madurez suficiente.
“Hasta los 12 años, evitar el acceso a redes sociales o celulares propios”, enfatiza.
Tecnología sí, pero con objetivos educativos
La postura de Kent International Academy no consiste en rechazar la tecnología.
Por el contrario, García reconoce que existen aplicaciones y herramientas muy valiosas dentro del entorno educativo.
La clave está en utilizarlas con un propósito claro.
“No hay que satanizar las cosas, simplemente hay que usarlas de la manera más correcta y adecuada según la edad.”
Por ejemplo, en niveles educativos apropiados, las tabletas pueden complementar proyectos STEM, actividades de investigación y experiencias de aprendizaje controladas.
La diferencia fundamental radica en que la tecnología debe ser una herramienta educativa y no un sustituto de la interacción social, el juego físico o la convivencia familiar.
Por qué Kent International Academy limita los celulares en el aula
Una de las medidas implementadas por la institución consiste en restringir el uso de teléfonos móviles durante la jornada escolar.
Al ingresar al plantel, los estudiantes guardan sus dispositivos en espacios designados y los recuperan al finalizar las actividades.
Según García, la adaptación inicial fue compleja porque muchos padres mostraban preocupación por no poder comunicarse de forma inmediata con sus hijos.
Sin embargo, con el tiempo la comunidad comprendió que la medida beneficia tanto el aprendizaje como la convivencia.
“Todo el círculo recae en nosotros como papás”, afirma.
El objetivo no es castigar a los estudiantes, sino crear espacios donde puedan concentrarse, socializar y desarrollar habilidades sin interrupciones constantes.
La falsa necesidad de saber dónde están nuestros hijos todo el tiempo
Otro de los aspectos que aborda Ximena García es la dependencia que muchos adultos han desarrollado hacia la conectividad permanente.
La directora considera que la verdadera adicción no afecta únicamente a los jóvenes.
Muchos padres también han normalizado la necesidad de recibir respuestas inmediatas.
“Lo que nos da el teléfono es inmediatez”, explica.
Desde su perspectiva, la necesidad constante de contactar a los hijos durante el horario escolar responde más a una expectativa generada por la tecnología que a una necesidad real de protección.
Durante décadas, los estudiantes permanecieron seguros en las escuelas sin requerir comunicación instantánea con sus familias.
Los peligros invisibles de las redes sociales
Quizá una de las reflexiones más impactantes compartidas por García surge de una experiencia personal.
La directora relató que uno de sus hijos fue víctima de una modalidad de extorsión digital durante su adolescencia.
El caso comenzó con una aparente interacción amistosa en internet y terminó convirtiéndose en una situación de manipulación emocional y amenazas.
“Este tipo de casos ha llevado al suicidio a otros jóvenes”, advierte.
Por ello insiste en la importancia de supervisar activamente la actividad digital de los menores y retrasar lo más posible el acceso a redes sociales.
Además de los riesgos asociados con depredadores digitales, los adolescentes también pueden estar expuestos a contenidos violentos, pornografía, desinformación y esquemas de manipulación difíciles de identificar.
La batalla contra la desinformación comienza en casa
Otro desafío que enfrenta la nueva generación es aprender a distinguir entre información verdadera y falsa.
La inteligencia artificial, los contenidos manipulados y las noticias falsas han hecho que incluso muchos adultos tengan dificultades para verificar lo que consumen diariamente.
Por ello, García considera indispensable desarrollar pensamiento crítico desde edades tempranas.
Una estrategia sencilla consiste en analizar contenidos en familia y cuestionar constantemente lo que aparece en internet.
“Que sea un momento de reflexión, de juego y de convivencia familiar”, propone.
La educación digital ya no consiste únicamente en aprender a usar dispositivos, sino también en aprender a pensar frente a ellos.
Las familias y las escuelas deben trabajar juntas
Al finalizar la conversación, Ximena García insiste en una idea que considera fundamental.
La educación digital no puede recaer exclusivamente en las escuelas ni únicamente en los padres.
Ambos deben actuar como aliados.
“Es importante que las familias dejen de verse como clientes ante la escuela por el bien de sus hijos.”
Desde su perspectiva, los mejores resultados aparecen cuando existe una comunidad educativa sólida, donde docentes y familias comparten objetivos y reglas comunes.
El verdadero desafío de la era digital
Para la directora de Kent International Academy, la tecnología llegó para quedarse y seguirá formando parte esencial de la educación y la vida cotidiana.
Sin embargo, también considera que la sociedad se encuentra en un momento decisivo para definir cómo educará a las nuevas generaciones.
La respuesta no está en prohibir la tecnología ni en entregarla sin límites.
La clave consiste en formar niños capaces de utilizarla con criterio, responsabilidad y equilibrio.
Como resume Ximena García, el reto más importante sigue siendo el mismo de siempre: que los adultos asuman su papel de guía, acompañamiento y ejemplo en un mundo cada vez más conectado.
