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ESTE PRIMERO DE octubre se cumplieron dos años de gobierno de Claudia Sheinbaum. Si el balance económico tuviera que resumirse en una sola frase sería ésta: estabilidad sí, crecimiento todavía no.
La Presidenta llega a este aniversario con indicadores que cualquier mandatario quisiera presumir: inflación de 3.26%, desempleo de apenas 2.7%, un peso alrededor de 17 por dólar y niveles récord de inversión extranjera directa.
Sin embargo, detrás de esas cifras hay una pregunta inevitable: ¿cuánto corresponde a decisiones de gobierno y cuánto a circunstancias que rebasan a Palacio Nacional?
La administración federal presume una captación histórica de inversión extranjera, superior a los 23 mil millones de dólares en el primer trimestre de este año y cercana a 35 mil millones durante el primer semestre. También destaca que México mantiene un comercio récord con Estados Unidos y que sigue siendo uno de los mercados laborales más sólidos de la OCDE.
Pero sería un error atribuir todos esos resultados a la actual administración. El fenómeno del nearshoring comenzó antes de la llegada de Sheinbaum y responde principalmente a la reconfiguración global de cadenas de suministro, la rivalidad entre Estados Unidos y China y la ventaja geográfica que ofrece México. Lo mismo ocurre con las exportaciones, impulsadas por el T-MEC y por la fortaleza de la economía estadounidense mucho más que por una nueva política industrial mexicana.
Donde sí existe una huella más visible del gobierno es en la continuidad de los incrementos al salario mínimo, la política de apoyos sociales y el esfuerzo recaudatorio. También hay mérito en haber contenido el déficit fiscal respecto a los niveles observados en 2024 y en mantener acuerdos para moderar los precios de combustibles y productos básicos.
El problema aparece cuando se observa la variable que termina definiendo cualquier sexenio: el crecimiento. Mientras el gobierno habla de fortaleza económica, el PIB avanzó 1.9% anual en el segundo trimestre y estimaciones de BBVA Research proyectan que 2026 cerrará alrededor de 1.4%. Son números positivos, pero lejanos a las tasas que permitirían transformar estructuralmente el nivel de ingreso de los mexicanos.
Más aún, diversos análisis del Segundo Informe revelan una caída de 7.9% en la inversión física pública durante el primer semestre de 2026. Esa cifra ya no depende de Washington, de China ni de los mercados internacionales. Es una decisión interna.
Dos años después, la economía mexicana muestra orden macroeconómico y capacidad de resistencia. Lo que aún no muestra es un motor propio capaz de acelerar el crecimiento. Y ésa, más temprano que tarde, será la métrica con la que se juzgue al gobierno de Claudia Sheinbaum.

LA VENTA DE Telefónica México, que encabeza Camilo Aya, ya tiene luz verde del regulador y coloca una operación de 21.7 millones de clientes en manos de nuevos jugadores. OXIO, fundada y dirigida por Nicolas Girard, aportará la tecnología y el modelo basado en nube que busca transformar a Movistar. El capital llegará de Newfoundland Capital Management, gestora brasileña creada por Eric Fonseca y Jonathan Rosenthal. La apuesta combina experiencia financiera con una visión más digital para las telecomunicaciones. La operación está valuada en 450 millones de dólares y mantiene el acuerdo mayorista con AT&T hasta 2030. Ahora vendrá la prueba más compleja: crecer en un mercado donde Telcel sigue marcando el paso.

TRAS CASI UN año con las cortinas abajo, Nacional Monte de Piedad finalmente alcanzó un acuerdo con su sindicato y prepara la reapertura de más de 300 sucursales. El conflicto se llevó entre las piernas a una de las instituciones más antiguas y emblemáticas del país, además de provocar un relevo en la dirección general. El Montepío ahora es dirigido por José Antonio Murillo Garza quien encabezará el regreso a la operación bajo la promesa de respetar los contratos y ofrecer beneficios a los clientes afectados por el cierre. La organización evitó revelar los términos del acuerdo laboral, un detalle nada menor después de doce meses de confrontación. El reto inmediato será recuperar la actividad y la confianza de millones de usuarios que dependen del crédito prendario.

LA DELINCUENCIA LE costó a los hogares mexicanos 267 mil 300 millones de pesos el año pasado, una factura equivalente a más de 1% del PIB. Esa cifra volvió a colocar sobre la mesa el impacto económico de la inseguridad, un tema que Alejandro Desfassiaux, fundador de Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial, ha señalado durante años como uno de los principales obstáculos para el desarrollo. El empresario también llamó la atención sobre otro dato de la ENVIPE: la brecha de confianza entre las Fuerzas Armadas y las instituciones encargadas de procurar justicia. Mientras unas conservan respaldo ciudadano, ministerios públicos, fiscalías y policías estatales siguen sin recuperar credibilidad. La diferencia no es menor cuando se trata de combatir la impunidad. Al final, la inseguridad termina afectando tanto la percepción de las instituciones como el bolsillo de los mexicanos.

LA CFE SALIÓ a buscar capital y encontró algo que no siempre aparece en este tipo de ejercicios: apetito. La primera convocatoria de los Esquemas de Desarrollo Mixto recibió propuestas por más de 38 gigavatios, cinco veces por encima de la meta original. Detrás de ese interés hay un programa que prevé inversiones cercanas a 37 mil 500 millones de dólares entre generación, transmisión y almacenamiento hacia 2030. Luz Elena González y Eugenio Amador Quijano defendieron un modelo que busca combinar recursos públicos y privados bajo nuevas reglas. El dato que observarán los inversionistas no es el monto anunciado, sino la velocidad de ejecución de los proyectos.
