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Guerrero y Chiapas se consolidaron como las entidades con mayor dependencia del dinero enviado por migrantes mexicanos desde Estados Unidos. En 2025, las remesas representaron 13.9% del Producto Interno Bruto estatal en ambos casos, la proporción más alta del país. El dato, tomado del análisis de BBVA Research, muestra cómo estos flujos se han convertido en un pilar económico indispensable para miles de comunidades que carecen de un mercado laboral formal suficientemente dinámico para sostener su propio crecimiento.
Esta cifra resulta especialmente relevante cuando se compara con el promedio nacional. En 2025, las remesas equivalieron al 3.4% del PIB de México, lo que significa que Guerrero y Chiapas más que cuadruplican esa proporción. Incluso estados de larga tradición migrante como Oaxaca (10.7%), Michoacán (10.5%) y Zacatecas (9.9%) permanecen por debajo del nivel observado en estas dos entidades, lo que confirma que la exposición económica de ambos territorios es claramente superior a la del resto del país.
Un inicio de 2026 marcado por caídas
El arranque de 2026 añade un matiz preocupante. En enero, México registró 4,594 millones de dólares en remesas, una contracción anual del 1.4% y el noveno retroceso en los últimos diez meses. El informe de BBVA Research explica que este comportamiento confirma que el repunte de diciembre fue atípico, impulsado por el adelanto de envíos para evitar el impuesto a las remesas en efectivo vigente en Estados Unidos desde el 1 de enero de 2026. Una vez superado ese efecto temporal, el flujo volvió a colocarse en terreno negativo.
Para estados con alta dependencia como Guerrero y Chiapas, una disminución prolongada puede tener impactos inmediatos. La caída en el número de operaciones, que descendió a 11.5 millones (-5.2% anual), implica que menos hogares están recibiendo transferencias frecuentes, aun cuando la remesa promedio creció a 401 dólares (+3.9%). Este comportamiento sugiere un deterioro en la constancia de los envíos, lo que podría afectar directamente el consumo diario y la estabilidad financiera de cientos de miles de familias en estas entidades.
El desafío estructural para ambas entidades
Depender de que casi 14% del PIB provenga del exterior implica una fragilidad estructural frente a decisiones regulatorias, condiciones laborales y ciclos económicos de Estados Unidos. Guerrero y Chiapas enfrentan un escenario donde cualquier ajuste en los flujos de remesas se traduce en menor actividad comercial, menor recaudación municipal indirecta y un deterioro en la capacidad de gasto de los hogares.
El documento de BBVA Research subraya que el auge de las remesas durante la pandemia incrementó este nivel de dependencia, y aunque en 2025 el peso relativo disminuyó ligeramente a nivel nacional, en Guerrero y Chiapas permanece en niveles históricamente elevados. La gran pregunta es si 2026 representará un punto de inflexión hacia una moderación más pronunciada o simplemente un ajuste después del comportamiento inusual de diciembre. En cualquier caso, ambas entidades necesitan fortalecer sus economías locales para evitar que la dependencia hacia el exterior siga profundizándose.
